Uno nunca sabe que es lo que pasa. Uno nunca sabe cual será la próxima piedra en el zapato. Azares calculados, deseos confundidos con fantasías, realidades exiguas, mentes enfermas. Circo de guerra, guerra de payasos. Ojos de peces, culos de bueyes. Y en la siguiente parada nos bajamos todos, que ya no cabemos, que ya casi nos ahogamos. Cajas de cerillas mojadas, biromes sin tinta, agujeros tapados. Desquiciados, en las manos de los amos, sembrando en tierra yerma y esperando fruta fresca. Esperando, y mientras andando, pa’ no sentir la libertad entre rejas, pa’ no pensar en futuros con fechas de caducidades a la vuelta de las esquinas. Algún día me vendréis a dar las gracias, mírame a los ojos, soy gitana. María. Y en los confines del mundo alguien se acordó de mi. Solos, avanzamos. Solos, perdidos, batallamos.