
Decía el otro día a los demás que no era depresiva. Bueno, que en ésos momentos no estaba muy depresiva. Ahí me asusté. Cómo debe ser entonces cuando dudas y miedos se le clavan como agujas en sus pensamientos diarios, martilleándole el cerebro como en una jaqueca de esas de campeonato. El aire general quedaba enrarecido a su alrededor. Cualquiera le hacia una broma. Hablaba con suficiencia y un cierto, matizado, hastío de todo y de todos.
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“Cuando me lo encontré aquella mañana en Mill City estaba pasando esos días malos y deprimentes que tienen los jóvenes hacia los veinticinco años. Andaba a la espera de un barco, y para [...]”.
En el camino, Jack Kerouac
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Sé que lo has pasado mal, muy mal, en no pocos momentos, por ella, por ellos...; por más que alguna gente crea que tu no tienes momentos malos, muy malos. Has aprendido a pasar esos días malos y deprimentes en el exilio, solo, como tan bien saben hacer tantos y tantas en tu extraña ciudad. Y ahí estaremos, con la metafísica, la patafísica, las enajenaciones habituales y la verborrea incendiaria y agitadora que tanto nos hace reír.