Tierra del Fuego. Están en unos de los espesos, fantasmagóricos, fantásticos y bellos bosques de lengas fueguinos. Expertos en el manejo del arco, como miles de guanacos muertos podrían atestiguar. Vivian en la turba, en el viento, en el mar, en la tierra, hasta que el hombre blanco decidió que eran prescindibles. Los mataron.