
Cansados, dormidos, con resaca. Y llovía a cántaros. La subida de Montjuïc, ya de por si infernal, se convirtió en nuestro Aconcagua particular. Por suerte, aunque muy calados, pudimos "fer cim". Luego el Minimal, el vaho y risas 1000 recordando (volviéndola a disfrutar) los detalles de la noche anterior, tan parecida a otras y a la vez tan diferente. Siempre hay pequeñas cosas nuevas en que fijarse. LMF no descansa.