
Siempre perdida, siempre buscando algún camino, pero sin nunca encontrarlo. Sola. Ya demasiado cansada. Desprotegida. Pensando por primera vez en poner en practica la estrategia del cangrejo y levantar los puños amenazante. Pero no, dónde estaba el enemigo? Refugiada siempre detrás de un lente invertido, queriendo que la vieran pequeña, diminuta, pero quien? Alaridos mudos y nadie para oírlos. Ya casi el orgullo desaparecido. La dignidad invisible. Las raíces podridas. Un puñetazo contra el espejo, pero para no verse. Hasta que vio sus ojos negros y su sonrisa. Estiró el brazo agónicamente. Agarró el último tren. Le quedaba ya sólo un suspiro.